• Un punto de vista sobre los inesperados acontecimientos recientes en España
  • Diez días que cambiaron España – O cómo echar a un gobierno de derechas a través de una moción de censura

  • Por Marga Ferré | 05 Jun 18 | Posted under: España
  • El 1 de junio, Pedro Sánchez, secretario general del Partido Socialista (PSOE), que ni siquiera es miembro del parlamento español, se proclamó nuevo presidente de España después de ganar una moción de censura contra el gobierno conservador del Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy. Diez días antes nadie se imaginaba que esto iba a ser posible.

    ¿Qué sucedió en esos diez días?

    En mi opinión, es una combinación de tres elementos: una sentencia judicial, una lección aprendida del pasado político reciente y un movimiento político arriesgado.

    Retrocedamos dos años, hasta el 20 de diciembre de 2015, el día de las primeras elecciones nacionales con Podemos y Ciudadanos, dos nuevos partidos políticos (el primero orientado a la izquierda y el segundo a favor del neoliberalismo). El resultado fue que ningún partido podía gobernar a menos que se forjara una alianza difícil. El PSOE jugó un doble juego: por un lado, buscó un acuerdo con Ciudadanos y, por otro, con Podemos. Resultó imposible. Podemos no ayudó a ello al afirmar que querían formar parte del nuevo gobierno, presentando los ministerios que querían sin negociación. Izquierda Unida (en este momento no había acuerdo con Podemos) intentó traer a la mesa a todas las fuerzas progresistas en un último esfuerzo para evitar nuevas elecciones, pero fue en vano. Al final, España estuvo sin gobierno por nueve meses hasta que hubo unas nuevas elecciones el 26 de junio. El PSOE se situaba entre la vieja guardia que quería apoyar a un gobierno de derechas y Pedro Sánchez y su gente que querían mantener una oposición frontal al PP. La vieja guardia ganó y Mariano Rajoy fue elegido presidente con los votos de Ciudadanos y la abstención del PSOE. Echaron a Pedro Sánchez como Secretario General y él renunció a su escaño.

    En este punto muerto, surge la cuestión de la independencia de Cataluña que (lean este artículo). Usando el miedo a la desintegración del Estado, los partidos de la derecha (PP y Ciudadanos) han tratado de ocultar los problemas sociales y económicos bajo la alfombra de 'la Unidad de España'. El PP utilizó este tema también silenciar la protesta popular contra la corrupción.

    Corrupción

    El 24 de mayo hubo una sentencia judicial en uno de los casos de corrupción PP más famosos. La resolución: 28 personas conectadas al PP fueron sentenciadas a un total de más de 350 años de prisión. La sentencia también decía que PP se había beneficiado de la corrupción como organización y que había aceptado sobornos para contratos púbicos y que había utilizado este dinero para financiar sus campañas electorales. El país explotó con indignación. Este no es otro caso basado en sospechas. Un juez (muy conservador, como la mayoría de los jueces españoles y de otros lugares) determinó que el PP es una organización corrupta y que la declaración hecha por el presidente Rajoy en el tribunal carecía de credibilidad. Era una afirmación de que en esencia estábamos siendo gobernados por una pandilla de mafiosos.

    Era el momento y Pedro Sánchez supo leerlo. Presentó una moción censura arriesgada y sin consultar con nadie para expulsar al presidente Rajoy. Unidos Podemos (la coalición de izquierda formada por Podemos e Izquierda Unida), después de haber aprendido la lección de 2016, inmediatamente apoyó la moción sin condiciones, sin pedir nada a cambio. La prioridad era echar del gobierno a la derecha corrupta. Ciudadanos, que hasta ese momento había estado creciendo en las encuestas, se aisló exigiendo únicamente nuevas elecciones.

    El PSOE tiene 84 diputados y Unidos Podemos 71. Se necesitaban más apoyos en el Parlamento español. ¿Qué se necesitaba? El apoyo de los nacionalistas derechistas vascos y separatistas catalanes. Y es en ese momento que Pedro Sánchez lo hizo bien: no negoció nada con ellos, no pudo, porque los votantes socialistas en España son profundamente antiseparatistas. Entonces, con el apoyo de Unidos Podemos, apostó por el apoyo de los partidos separatistas. Les obligó a decidir entre apoyar la moción o a ser cómplices de una derecha corrupta que creó una situación caótica en Cataluña.

    Funcionó. En el último momento, los nacionalistas vascos votaron a favor de la moción de censura, convirtiendo a Pedro Sánchez en presidente del Reino de España.

    El tablero de ajedrez político se destrozó en una semana, dejando atrás a un partido político, el PP, y a una víctima, Ciudadanos, que votó a favor del PP y por lo tanto, a favor de la corrupción. Ahora se les ve como un partido tramposo que hace gestos hacia la extrema derecha. Ha estallado la guerra entre los partidos de la derecha, lo que siempre es una buena noticia para la izquierda y para el país. ¿Qué debe pensar Macron sobre el apoyo que le dio a Ciudadanos, un partido que se ha vuelto loco con un discurso parlamentario lleno de odio hacia los pueblos catalán y vasco en un momento en que el país clama por el diálogo y el sentido común para resolver nuestros problemas territoriales?

    ¿Y ahora qué?

    No lo sabemos. A pesar de la oferta de Unidos Podemos de unirse al nuevo gobierno, el PSOE decidió formar un gobierno socialista minoritario, pero con un giro a la izquierda. ¿Hasta dónde llegará ese giro? No lo sabemos, pero la confrontación entre el PSOE y Ciudadanos hacen imposible la estrategia de clase predeterminada de usar a Ciudadanos como un partido que sirva como comodín de la derecha para estar en cualquier gobierno de coalición.

    La mayoría del pueblo está contenta por haber echado a los políticos corruptos del gobierno, lo que abre un nuevo período en España, aunque está claro que no hay cambios en el ámbito económico. Pero ahora existe una oportunidad para que Unidos Podemos colabore con el PSOE. El PSOE no es un partido de izquierdas en términos de política económica, pero defiende algunos de los valores de la izquierda, como la igualdad de género, las políticas de no discriminación y los servicios públicos. Aunque esto es insuficiente para la izquierda, sí es un paso en la dirección correcta.

    El ejemplo de Portugal está demasiado cerca para poder ser ignorado. Pedro Sánchez necesita a los parlamentarios de Unidos Podemos lo que abre una ventana de oportunidades, pero aún no sabemos cuál será el resultado. Lo que sí sabemos es que ha sido bueno echar a un gobierno corrupto. Esta historia no es inmutable, está hecha por personas.

    Traducción: José Luis Martínez Redondo


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