• Athenas, 29 de agosto
  • El discurso de Alexis Tsipras en la Conferencia Nacional de SYRIZA

  • Por Alexis Tsipras | 03 Sep 15 | Posted under: Grecia
  • Camaradas, permitidme empezar mi discurso de inicio de nuestra conferencia con una conclusión con la que nadie podría estar en desacuerdo . Hoy y mañana, todos nos reuniremos, debatiremos, decidiremos, pero todos sabemos que estamos actuando y luchando en un campo de batalla político.

    En los últimos meses nunca hemos dejado de luchar batallas, grandes y pequeñas. Ganamos muchas de ellas.

    Con persistencia y determinación, hemos estado luchando para hacer valer los derechos del pueblo griego.

    Hemos sangrado con el único objetivo y la meta de hacer valer el derecho de un pueblo entero a la esperanza; el derecho de la nueva generación a soñar de un futuro mejor; el derecho de los trabajadores y los desempleados a la vida y la creación; el derecho de las personas mayores a la dignidad.

    Hemos luchado batallas en condiciones adversas.

    No sólo hemos luchado contra el sistema político de la corrupción y la colusión sino también contra enemigos poderosos, aquí y en el extranjero.

    No vacilamos ni un momento o tuvimos miedo a tomar riesgos, para abrir nuevos espacios y caminar hasta el final.

    Algunos dicen que esta lucha se ha ido a la basura.

    Contestamos: Imaginad qué acuerdo tendríamos y dónde estaría el pueblo o la izquierda sin esa lucha, sin esa negociación; qué acuerdo hubiera hecho Samaras para el país.

    Decidimos llegar hasta el final para defender los derechos de Grecia.

    Estamos orgullosos de esto.

    Al final decidimos no aceptar la opción del suicidio nacional que los poderes conservadores más extremos en Europa habían preparado para nosotros; decidimos no arrastrar a la mayoría de nuestro pueblo, en especial a los más vulnerables y a las clases trabajadoras, que mantienen sus ahorros en los bancos griegos, hacia la destrucción.

    En contraste con la plutocracia, que se apresuró en sacar su riqueza fuera del país y a bancos extranjeros.

    Nuestra conciencia está absolutamente tranquila porque hicimos lo correcto.

    No lamentamos haber luchado con todas nuestras fuerzas, ni la elección para evitar la catástrofe.

    Estamos orgullosos de nuestras decisiones.

    Estamos orgullosos de cada pulgada que ganamos en las negociaciones.

    Hoy seguimos aquí con las heridas del guerrero que no se rindió y que lucho hasta el final.  

    Estamos aquí, una vez más, en el comienzo de una nueva batalla electoral que decidirá el futuro.

    Una batalla que determinará el derecho del pueblo griego y de la mayoría social a seguir luchando, a seguir con esperanza.

    Podríamos haber optado por escapar de la realidad, tal vez.

    Para crear nuestra propia verdad virtual.

    Para seguir siendo inmaculados y puros.

    Pretender que fuera de la eurozona podríamos garantizar el nivel de vida de los ciudadanos.

    Entregar a nuestro pueblo a la ira vengativa de un régimen corrupto, de un sistema político que ha llevado al país a esta situación.

    No mancharnos las manos tratando de sacar al país del barro.

    Sin importarnos que esta generación y las venideras se ahoguen en este lodo.

    Nos negamos a hacer eso.

    Estamos aquí, enfrentando la realidad y nuestras propias debilidades.

    Para abrir nuevas bases, avanzando, abriendo nuevos caminos.

    Sabemos que es fácil caminar por los caminos pavimentados. Pero somos muy conscientes de que si el camino hubiera estado pavimentado, no estaríamos aquí en representación de las expectativas, las preocupaciones y las esperanzas del pueblo griego. Otro sería en nuestro lugar, como fue durante muchos años.

    La izquierda sin embargo - y esto no es casualidad - siempre ha tomado las riendas en tiempos difíciles.

    Y cuando la izquierda se ha movido hacia adelante, lo ha hecho abriendo caminos.

    Avanzando cometemos errores, tenemos un compromiso, y nos reagrupamos.

    Vamos a dar la batalla.

    Sufriremos pérdidas – de eso estamos seguros - pero todas las batallas tienen pérdidas.

    El punto es no rendirse.

    Y no vamos a entregar nuestras armas.

    Estamos aquí para seguir luchando con el fin de seguir adelante - sólo hacia adelante.

    A partir de ahora, si alguien quiere llorar, dejémosle llorar; si alguien quiere escapar, dejémosle escapar.

    Miramos hacia adelante – solo hacia adelante.

    Porque nuestros mejores días están por llegar y las grandes batallas están todavía por venir.

    Camaradas, sé que en nuestros corazones tenemos sentimientos encontrados.

    Sentimientos de amargura, ira y angustia.

    Y también sé que todo pasó tan rápido que no hubo tiempo para expresar todas esas emociones y superarlas.

    Pero también sé que hay determinación.

    Os escucharé a todos con atención.

    No os pido que reprimáis vuestros pensamientos o vuestras críticas.

    Yo sólo pido que tengáis en cuenta que la batalla continúa, que está ante nosotros y que va a determinar nuestros puntos de vista, decisiones, actitudes, comportamientos e iniciativas.

    No hay que olvidar que la pregunta crucial es: ¿Qué decisión vamos a tomar con el fin de proteger al pueblo griego y darle esperanza.

    Nadie puede ignorar que no sólo hemos estado bajo fuego pesado durante los siete meses de esta administración, aún seguimos bajo ese fuego.

    No es necesario ser un genio para ver el plan del otro lado.

    Su plan desde el primer momento ha sido el llamado "paréntesis de la izquierda".

    Eso fue evidente, tanto en las elecciones de enero como durante nuestra administración de seis meses.

    Culminó con el bombardeo sistemático internacional e interno contra las posiciones griegas en las negociaciones.

    También se ha demostrado por las represalias asimétricas que se amenazó a los ciudadanos y al gobierno ya antes del referéndum.

    Con la Guerra del miedo, que aún continúa.

    Por eso no hay espacio para la desilusión.

    Es la dura realidad que no deja espacio ara la desilusión

    Nuestros oponentes ejercen una enorme presión económica, intimidación, propaganda, soborno y corrupción y quieren eliminarnos, quieren acabar con nosotros y quieren arrastrarnos por el fango.

    Esbocemos una conclusión de esta Guerra sin tregua que se está llevando a cabo de todas maneras posibles:

    En lo que han fracasado durante todos estos meses a pesar de sus posibilidades.

    Lo que no pudieron predecir – porque nos consideraban derrotados ya antes de febrero.

    Ellos quieren llevarlo ahora a cabo aprovechando nuestras propias debilidades.

    Sólo recordad el tiempo que nos dieron los medios de comunicación para presentar nuestros puntos de vista cuando defendíamos el “NO” en el referendo.

    Y cuánto espacio y alegría ofrecen ahora para promover cualquier disensión en nuestras filas.

    Cuánto espacio dieron y con qué alegría promovieron ese “teatro del absurdo” que se dio enlos comités del parlamento y se transmitió en vivo.

    Qué magnanimidad mostraron todos de repente dejando las pantallas de televisión para mostrar el conflicto civil dentro de la izquierda.

    Lleguemos cada uno a nuestras conclusiones.

    Si queremos mantenemos firmes, tenemos que seguir unidos, determinados y disciplinados, con una visión clara de la relación de fuerzas, con un plan, iniciativas radicales, seriedad y consistencia.

    Sólo manteniendo y defendiendo nuestra identidad radical de izquierdas.

    Solo si escuchamos las preocupaciones de la mayoría social que queremos representar.

    Y avanzando conjuntamente con todos aquellos que comprenden que no podemos permitir el regreso de la Grecia de corrupción, evasión de impuestos, fraudes y colusión, porque destruye e infecta a todo lo que lo rodea.

    En ese sentido, no hay distorsión, ni propaganda derrotista o glorificación y camuflaje que pueda ocultar la naturaleza de las fuerzas que chocan en esta guerra.

    Por un lado están las fuerzas del Viejo Sistema.

    Las fuerzas de colusión, corrupción, partidismo, cleptocracia y de la subordinación de las personas a los intereses de los poderosos.

    Nombres como Meimarakis, Samaras, Venizelos, Gennimata, Theodorakis no importan realmente.

    Nos enfrentamos al viejo régimen que empujó al país a la tragedia.

    El que nos caza y hostiga a cada paso.

    El que destruye la vida de los trabajadores.

    El que mantiene la democracia en mínimos.

    Esa corrupción descentralizada, creada y explotada por el régimen que nos llevó a los memorandos y encontró un techo bajo ellos.

    En el otro lado estamos nosotros, la izquierda, SYRIZA, las fuerzas sociales que se beneficiarán de una gran revolución radical, democrática y progresista.

    Nosotros, que queremos demoler al Viejo régimen con grandes y pequeñas batallas, políticas y sociales, a través de las elecciones y de movimientos populares, los que queremos destrozarlo.

    Y lo haremos. Estamos condenados a tener éxito.

    Camaradas,

    Todo este tiempo desde enero ha sido para todos nosotros como si hubieran pasado años en unos pocos meses.

    Hemos luchado, aprendido, ganado experiencia, hemos tenido batallas duras con toda nuestra fuerza. Algunas con éxito y otras no tanto

    En una Guerra dura y compleja contra enemigos que poseen unos medios ilimitados de créditos, asfixia, intimidación, propaganda y provocación.

    No hay duda, hemos cometido errores.

    Pero a pesar de las dificultades, hemos logrado dejar nuestra marca que nadie podrá subestimar y que no se borrará.

    Tanto internamente como externamente, en el difícil conflicto con nuestros acreedores que se llamaba negociación.

    No voy a profundizar en esto, porque todos ya lo conocéis y tenéis vuestra propia opinión.

    Sólo quiero recordaros que todas nuestras intervenciones e iniciativas legislativas – frecuentemente en conflicto con nuestros acreedores – eran de naturaleza progresista y beneficiosa para la gente.

    La apertura de la televisión pública griega ERT.

    La readmisión de guardas escolares, servidores públicos, trabajadores de la limpieza, 2.500 profesores.

    La eliminación del ticket hospitalario.

    Cambios en la justicia y la descongestión de las cárceles.

    La nueva ley de ciudadanía que permitió a miles de niños respirar libremente por primera vez.

    El cierre de las minas de Skouries.

    Los golpes a la corrupción y a la colusión.

    Estas intervenciones nunca fueron fáciles y nunca se podían dar por sentadas.

    Tampoco las grandes reformas que están por llegar serán fáciles y tampoco se pueden dar por sentadas.

    El gran dilema político que tenemos ante nosotros.

    ¿Qué va a suceder con las negociaciones colectivas?

    ¿Qué va a suceder con la cláusula de cero déficit?

    ¿Qué va a suceder con la negociación de la deuda?

    Porque tenemos una enorme tarea delante de nosotros.

    Y no deberíamos subestimarla o abandonarla o – aún peor – permitir el establecimiento de la restauración reaccionaria que anule, incluso, nuestros primeros pasos.

    Por eso permitidme que os pida a cada uno de vosotros a que os unáis a esta lucha.

    Todos y cada uno de nosotros.

    Todos nosotros tenemos que participar en esta batalla.

    Todos aquellos que entendemos que un Nuevo mandato fuerte a SYRIZA va a ser una gran oportunidad, no para nosotros, sino para Grecia.

    Todos aquellos que entendemos que lo que acaba de empezar no tiene nada que ver con el futuro de la izquierda o de algunos individuos, sino con el futuro de las clases trabajadoras y de todas las clases sociales que sufren.

    Y en este punto quisiera hablar, no sólo sobre lo que hemos conseguido como gobierno, también sobre la euforia moral y la democracia que hemos establecido.

    Debido a que en el punto más álgido del conflicto, el referéndum en contra de la unión de las fuerzas del sistema político, fue un punto alto histórico de euforia.

    Y la gran mayoría del NO en el referéndum  no se puede dejar a los sepultureros o a sus representantes auto-designados. 

    Es, sobre todo, nuestro propio NO.

    Nosotros, el gobierno de SYRIZA, abrimos la puerta para que la gente expresara su voluntad en el referéndum.

    SYRIZA, todos nosotros, lo apoyamos y luchamos por ello, cuando todas las fuerzas de la reacción y restauración se unieron a los acreedores más despiadados.

    No podemos entregar este NO a nadie.

    Pertenece a los griegos y al gobierno que les dio la oportunidad a expresarse y que lo apoyó durante todo el camino.

    Y permitidme que os diga que este NO no acaba con el fin de las negociaciones.

    Ha sido hasta ahora el mayor momento desde que empezamos el 25 de enero.

    Y que inspirará y guiará nuestras acciones por mucho tiempo.

    Porque no se ha colocado en la vitrina de ningún museo para que sea admirado por nuestros descendientes como quisieran algunos que fuese. 

    El NO no fue un SÍ al Drachma, tal y como algunos dicen, realizando un truco de mano, ya que nunca se atrevieron a decirlo antes abiertamente.

    Todo lo contrario, yo pedí el NO para conseguir un mejor acuerdo al que nos estaban ofreciendo.

    Era un NO al odiado sistema político anterior.

    Era un NO a la colusión, corrupción y el favoritismo.

    Fue un NO a la dependencia, a la vigilancia, a las limitaciones de la soberanía nacional, la devaluación de la soberanía popular.

    Era un NO a todos los barones, contratistas nacionales, partidos y políticos que habían tratado a Grecia como si fuera su estado y a los trabajadores como a sirvientes.

    Fue un NO a un régimen que la gente ya no quería y las élites no serán capaces de restaurarlo.

    Fue un NO al estado burocrático, inflexible, hostil hacia el pueblo y amigable al soborno, a la colusión y al partidismo. 

    Este sentido más profundo del NO es la expresión más sincera de la resistencia de los griegos y el centro de nuestro programa para los próximos cuatro años.

    Es con este NO con el que seguiremos avanzando, camaradas.

    Este NO resume la voluntad y persistencia de la mayoría social para cambiar el país.

    Somos parte integrante de esta mayoría.

    Nos inspiramos en él y queremos inspirarlo.

    Nos apoya y nosotros lo apoyamos.

    Y ninguna defensa de la servidumbre, o subestimación deliberada, diciendo que todos somos iguales, no habrá calumnia, que pueda cambiar eso.

    Y en el acuerdo con los acreedores, que se está discutiendo con razón largamente, no sólo se registraron sus voluntades como en los casos anteriores.

    También se registró el NO.

    Se registró nuestra resistencia.

    Un NO y una resistencia que movilizó a millones de personas en todo el mundo y que estaban a nuestro lado.

    Que movilizó a los científicos y expertos más destacados en favor de Grecia.

    Que movilizó a gobiernos.

    Se cancelaron planes siniestros para la expulsión y destrucción del país “díscolo”. Porque nosotros planteamos rigurosamente y de forma vehemente las cuestiones de Europa y la deuda en el Parlamento Europeo.

    Y esto ha dejado una profunda huella en el acuerdo.

    Delante de nosotros tenemos las cuestiones que se abrieron y se mantuvieron abiertas durante la dura batalla.

    La cuestión de la deuda, cuya reducción se empezará a negociar dentro de unas semanas.  

    La cuestión de las pensiones y la cláusula del déficit cero.

    La cuestión de los impuestos a los agricultores y las medidas compensatorias que son necesarias para la protección de la población rural y del campo griego.

    La cuestión del régimen laboral, la restauración de la negociación colectiva y la abolición definitiva de despidos masivos.

    ¿En quién confía el pueblo griego realmente para negociar estos asuntos?

    ¿A aquellos que consideraron los memorandos como su propiedad y privilegio y que sostenían que no habían sido impuestos por los acreedores? ¿Debíamos imponérnoslos a nosotros mismos?

    ¿A aquellos que ataron a nuestro país de manos y pies que firmaron la desolación del mercado doméstico y la caída de la economía? ¿A los que dejaron a las clases medias en un callejón sin salida y que multiplicaron la deuda gritando que era insostenible y que finalmente nos dejaron un país arrodillado bajo el peso de la deuda y de los compromisos que habían hecho en nombre de todos los griegos?

    ¿O a aquellos que presentaron una dura batalla, que tomaron riesgos, que llevaron la negociación hasta los límites, que pusieron a la gente en el centro con el referéndum y que demostraron – por último – que tienen la voluntad y el coraje a mantenerse firmes en tiempos duros?

    Los tentáculos de los acreedores, que tenemos que cortar uno por uno, no son los únicos que han acaparado Grecia.

    Grecia está plagada de graves problemas crónicos, que el antiguo régimen no pudo resolver, se instalaron con ellos, especularon con ellos políticamente y financieramente, los agravaron y entregaron a toda la sociedad.

    ¿Alguien realmente cree que este embrollo del viejo sistema político puede combatir la corrupción?

    ¿Puede el equipo nacional de colusión combatir la colusión?

    ¿Pueden los protectores de los evasores de impuestos y los barones del dinero negro hacer uso de listas como la de Lagarde?

    ¿Puede el sistema que dio refugio a los estafadores y a los falsos inversores permitir una justicia que haga las cosas bien?

    Claro que no.

    Sólo un gobierno de izquierdas con un fuerte mandato puede cortar este nudo gordiano.

    Sólo con un programa radical de la izquierda y un fuerte apoyo popular, el país podrá salir de esta encrucijada.  

    Estamos determinados a no rendirnos.

    Y no nos vamos a rendir.

    Este es el dictado de nuestros principios, de nuestras ideas y de nuestra ética.

    No vamos a empezar a lamentarnos y a repetir ‘¿No te dije? Lo peor está por llegar.’

    Hoy tenemos más experiencia, somos más maduros, estamos más determinados y más versados.

    Nuestro programa – un programa de cuatro años – tiene unas bases sólidas: la realidad y las necesidades. 

    Permitidme mencionar algunos de sus puntos, algunos de nuestros objetivos principales, que serán el enfoque central de nuestro  gobierno para los próximos cuatro años.

    Primero: Empezar con la reconstrucción productiva del país a través de iniciativas e intervenciones que apoyarán a las clases trabajadoras.

    Como crear nuevos empleos seguros y estables.

    Esta va a ser una batalla muy dura.

    Una batalla dentro y fuera de nuestro país contra fuerzas que quieren convertir a Grecia  y a Europa en una jungla laboral. Tenemos que construir un muro de protección con todas nuestras fuerzas.

    Para utilizar todos los fondos disponibles de los programas europeos, así como del Banco Europeo para la reconstrucción y el desarrollo (BERD) para completar grandes proyectos de infraestructuras e iniciar un gran esfuerzo para reorientar la producción nacional hacia productos de alto valor añadido, con énfasis en la calidad y la innovación.

    Promover formas de economía social y cooperativa y empezar a construir un modelo de producción – competitivo con el dominante - que se regirá por las diferentes relaciones entre la gente, diferentes relaciones con el medio ambiente y con su producto del trabajo.

    Porque, como el neoliberalismo conquistó el mundo día a día y ser humano tras ser humano, de la misma manera debemos construir la economía de las necesidades lentamente, batalla tras batalla, partiendo desde abajo.

    Con paciencia y persistencia en favor de las clases trabajadoras.

    También queremos hacer lo mismo con la reconstrucción y la defensa de estado social.

    Para continuar nuestra lucha para la protección de los  no privilegiados con un programa para abordar la crisis humanitaria. 

    Que fue una batalla dura que ganamos.

    Para continuar nuestros esfuerzos para reconstruir el sistema de salud roto.

    Ahorrando recursos de proveedores con cambios administrativos y el respeto al personal médico y de enfermería.

    Apoyando a los hospitales periféricos y reconstruyendo redes de salud primaria.

    Para implementar una reforma democrática y radical en el Sistema educativo que incluya a toda la comunidad educativa en un diálogo real así como hacer los grandes cambios necesarios en la educación secundaria y superior.

    Por una escuela y Universidad democráticas, por un sistema educativo basado en los principios de igualdad y libertad.

    Igualdad en el acceso, libertad de expresión, pensamiento e investigación.

    Para hacer una profunda reforma democrática en el estado griego.

    Combatiendo la burocracia que es la forma en la que el Sistema de la corrupción y colusión ejerce su poder.

    Apoyando el sistema de recaudación fiscal y aclarando casos de los grandes deudores de impuestos que se han acumulado durante años porque algunos se protegen ellos mismos y los intereses les apoyan.  

    Para proteger y profundizar los derechos individuales y las libertades democráticas  de los ciudadanos y derrotar al viejo sistema político que se basaba en la violencia y la represión.

    Para promover – en la práctica – un ambicioso programa de progreso de la igualdad con el lema: “Todos diferentes – todos iguales”.

    Para eliminar la discriminación por razón de sexo, raza, color, origen nacional y orientación sexual.

    Estos son los grandes cambios que nos debemos.

    Y esta es la cuestión. Hagámonos nosotros mismos la siguiente pregunta:

    ¿Si ha pasado la primavera de lucha y esperanza, qué va a seguir ahora?

    ¿Quizás el verano de las movilizaciones?

    ¿O el duro invierno de la restauración y la venganza del Sistema político burgués?

    Este es el dilema real, camaradas.

    Y no lo impone SYRIZA, lo hace la realidad.

    Camaradas,

    No es casualidad que he dejado para el final los problemas del partido y el papel que tiene que jugar hoy.

    Un papel sin el que saltaríamos de un lado a otro sin objetivos.

    Naturalmente, ahora no es el momento de resolver los problemas del partido.  

    Eso se hará de forma democrática, responsable, colectiva y seria después de que superemos conjuntamente estos tiempos difíciles.  

    Debido a que estos últimos acontecimientos destacan nuestros errores y debilidades y nos obligan a pensar y discutir qué tipo de partido que queremos, qué clase de partido es necesario en estas condiciones actuales.

    Pero ahora es el momento de batallar.

    El momento para una movilización general.

    El momento de ofrecer y no de exigir.

    El momento de expresar todas las virtudes de la izquierda que vienen de muy atrás.

    Y es lo único que nos puede hacer avanzar en el futuro.

    Ahora siento la necesidad de decir unas cosas en las que creo fuertemente y sin arrepentimiento.

    Y dirijo estas cosas a mis amigos y camaradas, pero también a mis viejos y nuevos oponentes.

    No vamos cambiar una letra de nuestros valores e ideas,.

    No nos rendiremos en nuestra lucha por la democracia, justicia social y soberanía nacional.

    Nuestra lealtad a los intereses y la liberación de aquellos que sufren la explotación humana siempre estará en el centro de nuestro ser y nuestras acciones.

    La vida y la política requieren a veces maniobras, retiradas y compromisos. Solo un loco no entendería su significado.

    Pero eso – para mí, para nosotros – no significa que vamos a abandonar los objetivos que nos llevaron al poder o que vayamos a abandonar a aquellos que han puesto sus esperanzas en nosotros.

    No vamos a tirar por la borda las esperanzas de la juventud, de las clases trabajadoras, de las victimas del drama actual, sólo para obtener beneficios para el partido.

    Finalmente, camaradas, no puedo evitar referirme a la herida que se ha abierto en SYRIZA cuando la mayoría gubernamental se convirtió en minoría. Cuando el gobierno fue prácticamente derrotado desde dentro. Cuando el partido se dividió y los defensores de la restauración reaccionaria se aprovecharon de ese horror.  

    No es el momento ahora para discutir esto a fondo. Esto se tiene que hacer y se hará a su tiempo.

    Ahora, en esta dura batalla, tenemos que enfrentarnos y nos enfrentaremos rigurosamente a aquellos que abandonaron nuestras filas y se dirigieron a nosotros lanzando grandes calumnias – y yo diría – acusaciones.

    Pero no vamos a empezar una guerra civil dentro de la izquierda, no podemos hacerlo, bajo ninguna circunstancia.

    Porque nuestro oponente fue y es el viejo régimen y el viejo sistema de poder que vuelven a levantar cabeza.

    Repito, ahora es el momento de tomar las calles, ir a las esquinas, a las cafeterías, a las ciudades y pueblos para llevar a cada persona un mensaje.

    Sólo uno:

    Estamos aquí, de pie continuando lo que acabamos de comenzar.

    Y como militantes del partido pedimos a los demás lo que es evidente:

    Mantenerse en nuestras posiciones con conocimiento, firmeza, determinación y aguante contra todos aquellos que quieran empujarnos a la derrota o arrastrarnos por el fango.

    Para lograr sin temor ni vacilación la sociedad que nos espera.

    Porque con ese sufrimiento, dudas, cuestionamiento, esperanzas, y el futuro de la sociedad es como se nos juzgará a todos nosotros, por nuestras palabras, pero sobre todo por nuestros actos ...

    Vamos a vencer.

    No para la supervivencia de nuestro partido. Por la gente.

    Estad seguros de ello.

     

     En los últimos meses nunca hemos dejado de luchar batallas, grandes y pequeñas. Ganamos muchas de ellas.

     

    Con persistencia y determinación, hemos estado luchando para hacer valer los derechos del pueblo griego.

    Hemos sangrado con el único objetivo y la meta de hacer valer el derecho de un pueblo entero a la esperanza; el derecho de la nueva generación a soñar de un futuro mejor; el derecho de los trabajadores y los desempleados a la vida y la creación; el derecho de las personas mayores a la dignidad.

    Hemos luchado batallas en condiciones adversas.

    No sólo hemos luchado contra el sistema político de la corrupción y la colusión sino también contra enemigos poderosos, aquí y en el extranjero.

    No vacilamos ni un momento o tuvimos miedo a tomar riesgos, para abrir nuevos espacios y caminar hasta el final.

    Algunos dicen que esta lucha se ha ido a la basura.

    Contestamos: Imaginad qué acuerdo tendríamos y dónde estaría el pueblo o la izquierda sin esa lucha, sin esa negociación; qué acuerdo hubiera hecho Samaras para el país.

    Decidimos llegar hasta el final para defender los derechos de Grecia.

    Estamos orgullosos de esto.

    Al final decidimos no aceptar la opción del suicidio nacional que los poderes conservadores más extremos en Europa habían preparado para nosotros; decidimos no arrastrar a la mayoría de nuestro pueblo, en especial a los más vulnerables y a las clases trabajadoras, que mantienen sus ahorros en los bancos griegos, hacia la destrucción.

    En contraste con la plutocracia, que se apresuró en sacar su riqueza fuera del país y a bancos extranjeros.

    Nuestra conciencia está absolutamente tranquila porque hicimos lo correcto.

    No lamentamos haber luchado con todas nuestras fuerzas, ni la elección para evitar la catástrofe.

    Estamos orgullosos de nuestras decisiones.

    Estamos orgullosos de cada pulgada que ganamos en las negociaciones.

    Hoy seguimos aquí con las heridas del guerrero que no se rindió y que lucho hasta el final.  

    Estamos aquí, una vez más, en el comienzo de una nueva batalla electoral que decidirá el futuro.

    Una batalla que determinará el derecho del pueblo griego y de la mayoría social a seguir luchando, a seguir con esperanza.

    Podríamos haber optado por escapar de la realidad, tal vez.

    Para crear nuestra propia verdad virtual.

    Para seguir siendo inmaculados y puros.

    Pretender que fuera de la eurozona podríamos garantizar el nivel de vida de los ciudadanos.

    Entregar a nuestro pueblo a la ira vengativa de un régimen corrupto, de un sistema político que ha llevado al país a esta situación.

    No mancharnos las manos tratando de sacar al país del barro.

    Sin importarnos que esta generación y las venideras se ahoguen en este lodo.

    Nos negamos a hacer eso.

    Estamos aquí, enfrentando la realidad y nuestras propias debilidades.

    Para abrir nuevas bases, avanzando, abriendo nuevos caminos.

    Sabemos que es fácil caminar por los caminos pavimentados. Pero somos muy conscientes de que si el camino hubiera estado pavimentado, no estaríamos aquí en representación de las expectativas, las preocupaciones y las esperanzas del pueblo griego. Otro sería en nuestro lugar, como fue durante muchos años.

    La izquierda sin embargo - y esto no es casualidad - siempre ha tomado las riendas en tiempos difíciles.

    Y cuando la izquierda se ha movido hacia adelante, lo ha hecho abriendo caminos.

    Avanzando cometemos errores, tenemos un compromiso, y nos reagrupamos.

    Vamos a dar la batalla.

    Sufriremos pérdidas – de eso estamos seguros - pero todas las batallas tienen pérdidas.

    El punto es no rendirse.

    Y no vamos a entregar nuestras armas.

    Estamos aquí para seguir luchando con el fin de seguir adelante - sólo hacia adelante.

    A partir de ahora, si alguien quiere llorar, dejémosle llorar; si alguien quiere escapar, dejémosle escapar.

    Miramos hacia adelante – solo hacia adelante.

    Porque nuestros mejores días están por llegar y las grandes batallas están todavía por venir.

    Camaradas, sé que en nuestros corazones tenemos sentimientos encontrados.

    Sentimientos de amargura, ira y angustia.

    Y también sé que todo pasó tan rápido que no hubo tiempo para expresar todas esas emociones y superarlas.

    Pero también sé que hay determinación.

    Os escucharé a todos con atención.

    No os pido que reprimáis vuestros pensamientos o vuestras críticas.

    Yo sólo pido que tengáis en cuenta que la batalla continúa, que está ante nosotros y que va a determinar nuestros puntos de vista, decisiones, actitudes, comportamientos e iniciativas.

    No hay que olvidar que la pregunta crucial es: ¿Qué decisión vamos a tomar con el fin de proteger al pueblo griego y darle esperanza.

    Nadie puede ignorar que no sólo hemos estado bajo fuego pesado durante los siete meses de esta administración, aún seguimos bajo ese fuego.

    No es necesario ser un genio para ver el plan del otro lado.

    Su plan desde el primer momento ha sido el llamado "paréntesis de la izquierda".

    Eso fue evidente, tanto en las elecciones de enero como durante nuestra administración de seis meses.

    Culminó con el bombardeo sistemático internacional e interno contra las posiciones griegas en las negociaciones.

    También se ha demostrado por las represalias asimétricas que se amenazó a los ciudadanos y al gobierno ya antes del referéndum.

    Con la Guerra del miedo, que aún continúa.

    Por eso no hay espacio para la desilusión.

    Es la dura realidad que no deja espacio ara la desilusión

    Nuestros oponentes ejercen una enorme presión económica, intimidación, propaganda, soborno y corrupción y quieren eliminarnos, quieren acabar con nosotros y quieren arrastrarnos por el fango.

    Esbocemos una conclusión de esta Guerra sin tregua que se está llevando a cabo de todas maneras posibles:

    En lo que han fracasado durante todos estos meses a pesar de sus posibilidades.

    Lo que no pudieron predecir – porque nos consideraban derrotados ya antes de febrero.

    Ellos quieren llevarlo ahora a cabo aprovechando nuestras propias debilidades.

    Sólo recordad el tiempo que nos dieron los medios de comunicación para presentar nuestros puntos de vista cuando defendíamos el “NO” en el referendo.

    Y cuánto espacio y alegría ofrecen ahora para promover cualquier disensión en nuestras filas.

    Cuánto espacio dieron y con qué alegría promovieron ese “teatro del absurdo” que se dio enlos comités del parlamento y se transmitió en vivo.

    Qué magnanimidad mostraron todos de repente dejando las pantallas de televisión para mostrar el conflicto civil dentro de la izquierda.

    Lleguemos cada uno a nuestras conclusiones.

    Si queremos mantenemos firmes, tenemos que seguir unidos, determinados y disciplinados, con una visión clara de la relación de fuerzas, con un plan, iniciativas radicales, seriedad y consistencia.

    Sólo manteniendo y defendiendo nuestra identidad radical de izquierdas.

    Solo si escuchamos las preocupaciones de la mayoría social que queremos representar.

    Y avanzando conjuntamente con todos aquellos que comprenden que no podemos permitir el regreso de la Grecia de corrupción, evasión de impuestos, fraudes y colusión, porque destruye e infecta a todo lo que lo rodea.

    En ese sentido, no hay distorsión, ni propaganda derrotista o glorificación y camuflaje que pueda ocultar la naturaleza de las fuerzas que chocan en esta guerra.

    Por un lado están las fuerzas del Viejo Sistema.

    Las fuerzas de colusión, corrupción, partidismo, cleptocracia y de la subordinación de las personas a los intereses de los poderosos.

    Nombres como Meimarakis, Samaras, Venizelos, Gennimata, Theodorakis no importan realmente.

    Nos enfrentamos al viejo régimen que empujó al país a la tragedia.

    El que nos caza y hostiga a cada paso.

    El que destruye la vida de los trabajadores.

    El que mantiene la democracia en mínimos.

    Esa corrupción descentralizada, creada y explotada por el régimen que nos llevó a los memorandos y encontró un techo bajo ellos.

    En el otro lado estamos nosotros, la izquierda, SYRIZA, las fuerzas sociales que se beneficiarán de una gran revolución radical, democrática y progresista.

    Nosotros, que queremos demoler al Viejo régimen con grandes y pequeñas batallas, políticas y sociales, a través de las elecciones y de movimientos populares, los que queremos destrozarlo.

    Y lo haremos. Estamos condenados a tener éxito.

    Camaradas,

    Todo este tiempo desde enero ha sido para todos nosotros como si hubieran pasado años en unos pocos meses.

    Hemos luchado, aprendido, ganado experiencia, hemos tenido batallas duras con toda nuestra fuerza. Algunas con éxito y otras no tanto

    En una Guerra dura y compleja contra enemigos que poseen unos medios ilimitados de créditos, asfixia, intimidación, propaganda y provocación.

    No hay duda, hemos cometido errores.

    Pero a pesar de las dificultades, hemos logrado dejar nuestra marca que nadie podrá subestimar y que no se borrará.

    Tanto internamente como externamente, en el difícil conflicto con nuestros acreedores que se llamaba negociación.

    No voy a profundizar en esto, porque todos ya lo conocéis y tenéis vuestra propia opinión.

    Sólo quiero recordaros que todas nuestras intervenciones e iniciativas legislativas – frecuentemente en conflicto con nuestros acreedores – eran de naturaleza progresista y beneficiosa para la gente.

    La apertura de la televisión pública griega ERT.

    La readmisión de guardas escolares, servidores públicos, trabajadores de la limpieza, 2.500 profesores.

    La eliminación del ticket hospitalario.

    Cambios en la justicia y la descongestión de las cárceles.

    La nueva ley de ciudadanía que permitió a miles de niños respirar libremente por primera vez.

    El cierre de las minas de Skouries.

    Los golpes a la corrupción y a la colusión.

    Estas intervenciones nunca fueron fáciles y nunca se podían dar por sentadas.

    Tampoco las grandes reformas que están por llegar serán fáciles y tampoco se pueden dar por sentadas.

    El gran dilema político que tenemos ante nosotros.

    ¿Qué va a suceder con las negociaciones colectivas?

    ¿Qué va a suceder con la cláusula de cero déficit?

    ¿Qué va a suceder con la negociación de la deuda?

    Porque tenemos una enorme tarea delante de nosotros.

    Y no deberíamos subestimarla o abandonarla o – aún peor – permitir el establecimiento de la restauración reaccionaria que anule, incluso, nuestros primeros pasos.

    Por eso permitidme que os pida a cada uno de vosotros a que os unáis a esta lucha.

    Todos y cada uno de nosotros.

    Todos nosotros tenemos que participar en esta batalla.

    Todos aquellos que entendemos que un Nuevo mandato fuerte a SYRIZA va a ser una gran oportunidad, no para nosotros, sino para Grecia.

    Todos aquellos que entendemos que lo que acaba de empezar no tiene nada que ver con el futuro de la izquierda o de algunos individuos, sino con el futuro de las clases trabajadoras y de todas las clases sociales que sufren.

    Y en este punto quisiera hablar, no sólo sobre lo que hemos conseguido como gobierno, también sobre la euforia moral y la democracia que hemos establecido.

    Debido a que en el punto más álgido del conflicto, el referéndum en contra de la unión de las fuerzas del sistema político, fue un punto alto histórico de euforia.

    Y la gran mayoría del NO en el referéndum  no se puede dejar a los sepultureros o a sus representantes auto-designados. 

    Es, sobre todo, nuestro propio NO.

    Nosotros, el gobierno de SYRIZA, abrimos la puerta para que la gente expresara su voluntad en el referéndum.

    SYRIZA, todos nosotros, lo apoyamos y luchamos por ello, cuando todas las fuerzas de la reacción y restauración se unieron a los acreedores más despiadados.

    No podemos entregar este NO a nadie.

    Pertenece a los griegos y al gobierno que les dio la oportunidad a expresarse y que lo apoyó durante todo el camino.

    Y permitidme que os diga que este NO no acaba con el fin de las negociaciones.

    Ha sido hasta ahora el mayor momento desde que empezamos el 25 de enero.

    Y que inspirará y guiará nuestras acciones por mucho tiempo.

    Porque no se ha colocado en la vitrina de ningún museo para que sea admirado por nuestros descendientes como quisieran algunos que fuese. 

    El NO no fue un SÍ al Drachma, tal y como algunos dicen, realizando un truco de mano, ya que nunca se atrevieron a decirlo antes abiertamente.

    Todo lo contrario, yo pedí el NO para conseguir un mejor acuerdo al que nos estaban ofreciendo.

    Era un NO al odiado sistema político anterior.

    Era un NO a la colusión, corrupción y el favoritismo.

    Fue un NO a la dependencia, a la vigilancia, a las limitaciones de la soberanía nacional, la devaluación de la soberanía popular.

    Era un NO a todos los barones, contratistas nacionales, partidos y políticos que habían tratado a Grecia como si fuera su estado y a los trabajadores como a sirvientes.

    Fue un NO a un régimen que la gente ya no quería y las élites no serán capaces de restaurarlo.

    Fue un NO al estado burocrático, inflexible, hostil hacia el pueblo y amigable al soborno, a la colusión y al partidismo. 

    Este sentido más profundo del NO es la expresión más sincera de la resistencia de los griegos y el centro de nuestro programa para los próximos cuatro años.

    Es con este NO con el que seguiremos avanzando, camaradas.

    Este NO resume la voluntad y persistencia de la mayoría social para cambiar el país.

    Somos parte integrante de esta mayoría.

    Nos inspiramos en él y queremos inspirarlo.

    Nos apoya y nosotros lo apoyamos.

    Y ninguna defensa de la servidumbre, o subestimación deliberada, diciendo que todos somos iguales, no habrá calumnia, que pueda cambiar eso.

    Y en el acuerdo con los acreedores, que se está discutiendo con razón largamente, no sólo se registraron sus voluntades como en los casos anteriores.

    También se registró el NO.

    Se registró nuestra resistencia.

    Un NO y una resistencia que movilizó a millones de personas en todo el mundo y que estaban a nuestro lado.

    Que movilizó a los científicos y expertos más destacados en favor de Grecia.

    Que movilizó a gobiernos.

    Se cancelaron planes siniestros para la expulsión y destrucción del país “díscolo”. Porque nosotros planteamos rigurosamente y de forma vehemente las cuestiones de Europa y la deuda en el Parlamento Europeo.

    Y esto ha dejado una profunda huella en el acuerdo.

    Delante de nosotros tenemos las cuestiones que se abrieron y se mantuvieron abiertas durante la dura batalla.

    La cuestión de la deuda, cuya reducción se empezará a negociar dentro de unas semanas.  

    La cuestión de las pensiones y la cláusula del déficit cero.

    La cuestión de los impuestos a los agricultores y las medidas compensatorias que son necesarias para la protección de la población rural y del campo griego.

    La cuestión del régimen laboral, la restauración de la negociación colectiva y la abolición definitiva de despidos masivos.

    ¿En quién confía el pueblo griego realmente para negociar estos asuntos?

    ¿A aquellos que consideraron los memorandos como su propiedad y privilegio y que sostenían que no habían sido impuestos por los acreedores? ¿Debíamos imponérnoslos a nosotros mismos?

    ¿A aquellos que ataron a nuestro país de manos y pies que firmaron la desolación del mercado doméstico y la caída de la economía? ¿A los que dejaron a las clases medias en un callejón sin salida y que multiplicaron la deuda gritando que era insostenible y que finalmente nos dejaron un país arrodillado bajo el peso de la deuda y de los compromisos que habían hecho en nombre de todos los griegos?

    ¿O a aquellos que presentaron una dura batalla, que tomaron riesgos, que llevaron la negociación hasta los límites, que pusieron a la gente en el centro con el referéndum y que demostraron – por último – que tienen la voluntad y el coraje a mantenerse firmes en tiempos duros?

    Los tentáculos de los acreedores, que tenemos que cortar uno por uno, no son los únicos que han acaparado Grecia.

    Grecia está plagada de graves problemas crónicos, que el antiguo régimen no pudo resolver, se instalaron con ellos, especularon con ellos políticamente y financieramente, los agravaron y entregaron a toda la sociedad.

    ¿Alguien realmente cree que este embrollo del viejo sistema político puede combatir la corrupción?

    ¿Puede el equipo nacional de colusión combatir la colusión?

    ¿Pueden los protectores de los evasores de impuestos y los barones del dinero negro hacer uso de listas como la de Lagarde?

    ¿Puede el sistema que dio refugio a los estafadores y a los falsos inversores permitir una justicia que haga las cosas bien?

    Claro que no.

    Sólo un gobierno de izquierdas con un fuerte mandato puede cortar este nudo gordiano.

    Sólo con un programa radical de la izquierda y un fuerte apoyo popular, el país podrá salir de esta encrucijada.  

    Estamos determinados a no rendirnos.

    Y no nos vamos a rendir.

    Este es el dictado de nuestros principios, de nuestras ideas y de nuestra ética.

    No vamos a empezar a lamentarnos y a repetir ‘¿No te dije? Lo peor está por llegar.’

    Hoy tenemos más experiencia, somos más maduros, estamos más determinados y más versados.

    Nuestro programa – un programa de cuatro años – tiene unas bases sólidas: la realidad y las necesidades. 

    Permitidme mencionar algunos de sus puntos, algunos de nuestros objetivos principales, que serán el enfoque central de nuestro  gobierno para los próximos cuatro años.

    Primero: Empezar con la reconstrucción productiva del país a través de iniciativas e intervenciones que apoyarán a las clases trabajadoras.

    Como crear nuevos empleos seguros y estables.

    Esta va a ser una batalla muy dura.

    Una batalla dentro y fuera de nuestro país contra fuerzas que quieren convertir a Grecia  y a Europa en una jungla laboral. Tenemos que construir un muro de protección con todas nuestras fuerzas.

    Para utilizar todos los fondos disponibles de los programas europeos, así como del Banco Europeo para la reconstrucción y el desarrollo (BERD) para completar grandes proyectos de infraestructuras e iniciar un gran esfuerzo para reorientar la producción nacional hacia productos de alto valor añadido, con énfasis en la calidad y la innovación.

    Promover formas de economía social y cooperativa y empezar a construir un modelo de producción – competitivo con el dominante - que se regirá por las diferentes relaciones entre la gente, diferentes relaciones con el medio ambiente y con su producto del trabajo.

    Porque, como el neoliberalismo conquistó el mundo día a día y ser humano tras ser humano, de la misma manera debemos construir la economía de las necesidades lentamente, batalla tras batalla, partiendo desde abajo.

    Con paciencia y persistencia en favor de las clases trabajadoras.

    También queremos hacer lo mismo con la reconstrucción y la defensa de estado social.

    Para continuar nuestra lucha para la protección de los  no privilegiados con un programa para abordar la crisis humanitaria. 

    Que fue una batalla dura que ganamos.

    Para continuar nuestros esfuerzos para reconstruir el sistema de salud roto.

    Ahorrando recursos de proveedores con cambios administrativos y el respeto al personal médico y de enfermería.

    Apoyando a los hospitales periféricos y reconstruyendo redes de salud primaria.

    Para implementar una reforma democrática y radical en el Sistema educativo que incluya a toda la comunidad educativa en un diálogo real así como hacer los grandes cambios necesarios en la educación secundaria y superior.

    Por una escuela y Universidad democráticas, por un sistema educativo basado en los principios de igualdad y libertad.

    Igualdad en el acceso, libertad de expresión, pensamiento e investigación.

    Para hacer una profunda reforma democrática en el estado griego.

    Combatiendo la burocracia que es la forma en la que el Sistema de la corrupción y colusión ejerce su poder.

    Apoyando el sistema de recaudación fiscal y aclarando casos de los grandes deudores de impuestos que se han acumulado durante años porque algunos se protegen ellos mismos y los intereses les apoyan.  

    Para proteger y profundizar los derechos individuales y las libertades democráticas  de los ciudadanos y derrotar al viejo sistema político que se basaba en la violencia y la represión.

    Para promover – en la práctica – un ambicioso programa de progreso de la igualdad con el lema: “Todos diferentes – todos iguales”.

    Para eliminar la discriminación por razón de sexo, raza, color, origen nacional y orientación sexual.

    Estos son los grandes cambios que nos debemos.

    Y esta es la cuestión. Hagámonos nosotros mismos la siguiente pregunta:

    ¿Si ha pasado la primavera de lucha y esperanza, qué va a seguir ahora?

    ¿Quizás el verano de las movilizaciones?

    ¿O el duro invierno de la restauración y la venganza del Sistema político burgués?

    Este es el dilema real, camaradas.

    Y no lo impone SYRIZA, lo hace la realidad.

    Camaradas,

    No es casualidad que he dejado para el final los problemas del partido y el papel que tiene que jugar hoy.

    Un papel sin el que saltaríamos de un lado a otro sin objetivos.

    Naturalmente, ahora no es el momento de resolver los problemas del partido.  

    Eso se hará de forma democrática, responsable, colectiva y seria después de que superemos conjuntamente estos tiempos difíciles.  

    Debido a que estos últimos acontecimientos destacan nuestros errores y debilidades y nos obligan a pensar y discutir qué tipo de partido que queremos, qué clase de partido es necesario en estas condiciones actuales.

    Pero ahora es el momento de batallar.

    El momento para una movilización general.

    El momento de ofrecer y no de exigir.

    El momento de expresar todas las virtudes de la izquierda que vienen de muy atrás.

    Y es lo único que nos puede hacer avanzar en el futuro.

    Ahora siento la necesidad de decir unas cosas en las que creo fuertemente y sin arrepentimiento.

    Y dirijo estas cosas a mis amigos y camaradas, pero también a mis viejos y nuevos oponentes.

    No vamos cambiar una letra de nuestros valores e ideas,.

    No nos rendiremos en nuestra lucha por la democracia, justicia social y soberanía nacional.

    Nuestra lealtad a los intereses y la liberación de aquellos que sufren la explotación humana siempre estará en el centro de nuestro ser y nuestras acciones.

    La vida y la política requieren a veces maniobras, retiradas y compromisos. Solo un loco no entendería su significado.

    Pero eso – para mí, para nosotros – no significa que vamos a abandonar los objetivos que nos llevaron al poder o que vayamos a abandonar a aquellos que han puesto sus esperanzas en nosotros.

    No vamos a tirar por la borda las esperanzas de la juventud, de las clases trabajadoras, de las victimas del drama actual, sólo para obtener beneficios para el partido.

    Finalmente, camaradas, no puedo evitar referirme a la herida que se ha abierto en SYRIZA cuando la mayoría gubernamental se convirtió en minoría. Cuando el gobierno fue prácticamente derrotado desde dentro. Cuando el partido se dividió y los defensores de la restauración reaccionaria se aprovecharon de ese horror.  

    No es el momento ahora para discutir esto a fondo. Esto se tiene que hacer y se hará a su tiempo.

    Ahora, en esta dura batalla, tenemos que enfrentarnos y nos enfrentaremos rigurosamente a aquellos que abandonaron nuestras filas y se dirigieron a nosotros lanzando grandes calumnias – y yo diría – acusaciones.

    Pero no vamos a empezar una guerra civil dentro de la izquierda, no podemos hacerlo, bajo ninguna circunstancia.

    Porque nuestro oponente fue y es el viejo régimen y el viejo sistema de poder que vuelven a levantar cabeza.

    Repito, ahora es el momento de tomar las calles, ir a las esquinas, a las cafeterías, a las ciudades y pueblos para llevar a cada persona un mensaje.

    Sólo uno:

    Estamos aquí, de pie continuando lo que acabamos de comenzar.

    Y como militantes del partido pedimos a los demás lo que es evidente:

    Mantenerse en nuestras posiciones con conocimiento, firmeza, determinación y aguante contra todos aquellos que quieran empujarnos a la derrota o arrastrarnos por el fango.

    Para lograr sin temor ni vacilación la sociedad que nos espera.

    Porque con ese sufrimiento, dudas, cuestionamiento, esperanzas, y el futuro de la sociedad es como se nos juzgará a todos nosotros, por nuestras palabras, pero sobre todo por nuestros actos ...

    Vamos a vencer.

    No para la supervivencia de nuestro partido. Por la gente.

    Estad seguros de ello.


    Traducción: José Luis Martínez Redondo


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